Hace poco acudí a un pequeño restaurante. No tenía carta y disponía de muy pocas mesas. El letrero con el nombre apenas se veía y, en las calles adyacentes, no había indicaciones para llegar.
Ni la mantelería ni el menaje eran de diseño, y las tarjetas del local podían provocar un derrame ocular debido a sus estridencias kitsh. Ahora bien, la comida era estupenda, y la caja registradora echaba humo… El marketing viral funciona, pensé.
Es común que las empresas se planteen acciones de comunicación sólo cuando las cosas no van bien.
Si el restaurante del que hablo se quedase vacío algún día, apuesto parte de mi sueldo a que cambiaría su letrero por uno visible a kilómetros,rediseñaría sus tarjetas y renovaría el menaje. El dueño, incluso, daría de alta el local en Google Maps.
