Es una mirada al futuro, porque en cualquier momento se convertirá en una tendencia; pero me gustaría considerarlo una mirada al presente, porque creo que ese momento ha llegado.
La técnica «font-face» permite desde hace un lustro el uso de fuentes en páginas web aunque estas no estén instaladas en el dispositivo con el cual se está visualizando. No es una característica que esté al margen de las sempiternas diferencias entre navegadores, cada uno con sus razones para apostar por un formato diferente, pero no resulta especialmente tedioso lidiar con estas diferencias.
Uno de nuestros principales puntos de referencia fue FontSquirrel donde puedes encontrar fuentes para descargar, un generador de CSS e incluso un conversor entre formatos.
Otra alternativa viene de mano de Google Fonts, que recientemente decidió intentar popularizar esta posibilidad ofreciendo un modesto catálogo de fuentes y su propio sistema para incrustarlas librando al programador de las máximas molestias posibles.
En Filmac hemos dado un pasito hacia delante y nos hemos decidido a utilizarla por primera vez. Podéis ver el caso en cuestión en La Mediterránea, una empresa valenciana con proyección internacional dedicada a la elaboración de productos para la decoración con vidrio.
Decir que este paso libera el uso de tipografía en la web es, sin embargo, exagerado, al menos por ahora. Por un lado, pocas empresas se están atreviendo a licenciar sus fuentes para uso en web, por miedo a la piratería.
Por otra parte, una cosa es visualizar caracteres en una determinada fuente, y otra muy distinta, componer textos tipográficamente correctos. Por desgracia, el “renderizado” o aspecto final de un mismo tipo en distintos navegadores es dispar. Dependiendo del formato empleado y del navegador, atributos fundamentales como el kerning entre caracteres o el hinting, que optimiza el aspecto del texto en cuerpos pequeños, se ven alterados o directamente ignorados. Y, por supuesto, nos olvidamos de los refinamientos de una tipografía OpenType.
Por eso el trabajo de tipógrafos como Rui Abreu, autor de Gesta, la fuente que hemos elegido para La Mediterránea, es especialmente loable. Tanto por autoeditar sus propios tipos y abrir sus licencias al uso en Internet, como por cuidar el diseño pensando en la representación en pantalla, y no sólo en papel. Gesta se comporta satisfactoriamente en cuerpos pequeños, y luce sus detalles más sutiles en los textos de más tamaño.
Mientras tanto, las grandes empresas tipográficas, como pasó con las discográficas en su día, parecen haber encontrado su “iTunes” particular en TypeKit, una empresa intermediaria que, al igual que Google Fonts, ofrece un servicio completo a cambio de una cuota anual. Esperemos que progresivamente venzan sus miedos y ofrezcan licencias de uso compatibles con font-face.