Tuiteando la revolución

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Twitter

Llevo un tiempo pensando en como abordar una serie de post para analizar el comportamiento de las administraciones públicas ante la web 2.0 y su relación con la escala de Armstein. El tema puede ser un ladrillo impresionante para algunos y, para otros, puede ser el inicio de una discusión metafísica que retroceda a los tiempos de la polis griega. Me planteaba abordar el tema en una serie de tres post donde se podía analizar el tema de la comunicación, la participación y el poder.

Mi lentitud a la hora de abordar el tema y sobre todo, la sucesión de los acontecimientos obliga a plantear el tema a la inversa. Es decir, entrar de lleno en el tema de la manipulación, la opacidad informativa de los estados y el poder.

En este siglo XXI, el poder político y militar se encuentra muy fraccionado. Poseer la bomba atómica no solamente es cuestión de las grandes potencias, sino también de naciones subdesarrolladas. Organizaciones civiles, sin depender de un estado, pueden tener armas militares de alto nivel y dedicarse a fines políticos o empresariales. Por lo tanto, hoy en día el poder de las armas no es la clave del éxito. Hay otras armas que pueden ser mucho más peligrosas.

Un gobierno o una sociedad se puede ver sacudida y derrumbada por los efectos de la comunicación y la información. Eso ya lo sabían los cuatreros del oeste americano cuando asaltaban un pueblo y lo primero que hacían era cortar el telégrafo. Goebbels ya conocía la importancia del cine y la radio para inculcar los mensajes del partido nazi en la sociedad alemana. Su saber fue extendido e implantado en un conjunto de países y sociedades más democráticas. Hollywood tuvo que adoptar el código Hays como una imposición del estado en la defensa de los valores patrios. En el manual de cualquier golpista era regla fundamental la toma militar de la televisión y los medios de comunicación como fin fundamental para garantizar su victoria.

Pero ¿Qué ocurre con los tiempos de Internet y los planteamientos de la web 2.0? Toda tecnología tiene un origen militar, e Internet no es una excepción. Pero no voy a retroceder a los tiempos de Arpanet y la necesidad de comunicarse el día después de un ataque nuclear.

Gobiernos como el de China saben de la importancia Internet, por ello limitan búsquedas, filtran comentarios y censuran el acceso a los contenidos. Proveedores y empresas de Internet saben que si quieren jugar en China tienen que aceptar “esas reglas del juego”. Google no es una excepción.

Los gobiernos y sus organizaciones saben que sus ciudadanos se comunican con teléfonos móviles, cuentas de email, chats, foros,.. Hay organizaciones terroristas donde sus miembros son localizados por utilizar el móvil con GPS y donde los discos duros tienen más troyanos que toda la antigua Grecia. Por eso, sobreviven aquellas organizaciones terroristas o fuera de la ley que utilizan métodos arcaicos. Los “pizzini” de la Mafia o las cintas VHS de Al-Qaeda.

Ahora bien ¿que ocurre cuando son los ciudadanos los que se movilizan contra el poder político-militar? Los mensajes SMS ya son temidos por su capacidad de difusión entre la ciudadanía de forma independiente y autónoma, con un coste reducido y con un claro efecto “bola de nieve”.

En las elecciones recientes en Irán, el gobierno limitó el uso de los SMS en los días previos a la cita electoral. Tras las sospechas de fraude electoral y las protestas ciudadanas, el gobierno impuso la limitación del uso de Internet. Es decir, la censura sin contemplaciones. Pero, hay una herramienta de la web 2.0 que es capaz de funcionar en un Commodore 64: Twitter.

Twiter permite funcionar con un ancho de banda muy reducido, tanto en un ordenador como en un móvil, y su difusión es planetaria. Por ello, ha sido el soporte que han utilizado los opositores a la hora de difundir al mundo lo que estaba ocurriendo en Teherán. Al final, Twitter es el Tam-Tam del siglo XXI que comunica a todos los habitantes de la aldea global. Los gobiernos se acaban de dar cuenta de su existencia y sus posibilidades. Por ello, el Departamento de Estado de EEUU ha pedido a Twitter que retrase la operación de mantenimiento que tiene prevista para permitir que los disidentes iraníes continúen escribiendo mensajes en el sitio. En este caso, el poder político-militar utiliza Twitter según sus intereses. En otro momento puede ser su censura, pero ahora interesa su funcionamiento. Por eso, en este momento no hay mejor arma para derribar un régimen que la informativa. Es limpia, barata, no deja huellas y sobre todo, los muertos los ponen otros.

Al final de toda la historia, volvemos a una situación muy similar a la existente en tiempos pasados. Las herramientas de la sociedad de la información y todas las funcionalidades de la web 2.0 forman parte de los nuevos escuadrones del poder político-militar. De la misma manera que ocurría con el servicio de correos, las palomas mensajeras o el telégrafo, la comunicación es poder y estará en manos de la ciudadanía y del tinglado político-militar que limitará su uso según sus intereses. Mientras tanto, utilicemos Twitter y soñemos que hacemos la revolución con este nuevo soporte. Hasta que un día el tam-tam deje de funcionar.

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